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A dos años de gobierno del PRM: Ilusiones perdidas

 





Leonel Fernández
Santo Domingo, RD


Al surgir un nuevo gobierno en agosto del 2020, la sociedad dominicana se encontraba bajo el hechizo de la ilusión. Tenía grandes esperanzas cifradas en el cambio prometido.

Sin embargo, la situación nacional, como la mundial, era de crisis. Todavía no se había descubierto la vacuna que se utilizaría para combatir el Covid-19, y debido al confinamiento global, la economía había colapsado.


Ante una situación tan dramática, predominó un ambiente de unidad nacional para hacer frente a la gravedad de la crisis sanitaria, económica y social. En el ámbito político, se produjo una especie de tregua, o una prolongación de la luna de miel.

Se entendía que era imprescindible orientar a todos los sectores del país en la visión estratégica de marchar en la misma dirección a los fines de superar la más grave crisis ocurrida, a nivel mundial, en un siglo.

Para salir de la recesión causada por la pandemia, los bancos centrales de todas partes del mundo hicieron cuantiosas emisiones monetarias, lo que permitió la expansión del gasto público, y por lo tanto, la reactivación del crecimiento económico.

Esa reactivación económica global ha permitido que los componentes del sector externo de la economía dominicana hayan tenido un notable desempeño. Es el caso de las remesas, el turismo y las zonas francas.

No ha ocurrido lo mismo, empero, con el sector productivo nacional, como lo prueban los casos de la agropecuaria y la manufactura local, los cuales han tenido, en términos relativos, un bajo desempeño en sus aportes al producto interno bruto.

En todo caso, como resultado de la expansión del gasto público, tanto al nivel global como nacional, se ha desatado, de manera inadvertida, un nivel de inflación que no se había visto durante los últimos 40 años.

Ese incremento en los precios de los productos de la canasta básica familiar, junto con un aumento de la violencia y de la criminalidad, así como de la falta de empleos, ha ido provocando una situación de insatisfacción y malestar en distintos estratos del pueblo dominicano.

Promesas incumplidas

En el estado de ánimo o atmósfera de conferirle prioridad al interés nacional, por encima de los partidistas o particulares, el gobierno perdió la perspectiva de la profundidad de la crisis en que se encontraba el país y se lanzó, innecesariamente, a ofrecer la construcción de obras de infraestructura en todo el territorio nacional.

Parecía no comprender sus límites o su capacidad para emprender y ejecutar dichos proyectos. Empezó por la carretera del Ámbar, entre Santiago y Puerto Plata. Inmediatamente, el polo turístico de Pedernales, la circunvalación de Navarrete, la de San Francisco de Macorís, así como la de Azua y Baní.

Al cabo de dos años, nada. Ninguna de esas obras ha podido avanzar y no resulta claro cuál será su porvenir. Lo mismo ha ocurrido con las extensiones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

En principio, de manera injusta y atropellante, hasta se amenazó a los partidos políticos con tomarles de sus presupuestos, previstos por la ley, para construir el edificio de la UASD en Santo Domingo Este.

Dos años después, ni siquiera se ha iniciado.

Pero es el caso, también, de las 28 mil viviendas que iban a ser construidas para este año, 2022. Hasta la fecha solo se han entregado 215. Algo patético, por no decir ridículo.

La pregunta sería: ¿Qué se hará con respecto a las 62 mil viviendas que se ofrecieron para ser construidas durante los cuatro años de la gestión gubernamental? ¿Será posible lograrlas construyendo a razón de 108 unidades por año?

En el ámbito de la educación, la descripción más elocuente la ha ofrecido el recientemente designado ministro de la cartera. Lo dijo así: “El Ministerio tiene 250 mil personas nombras, con un presupuesto de casi 250 mil millones de pesos, y todo se va al zafacón. ¿Por qué? Porque los niños no aprenden, no están aprendiendo”.

En salud, el gobierno ofreció una red de centros de traumatología, una de oncología y tres ciudades sanitarias, en Santiago, San Cristóbal y San Francisco de Macorís.

Hasta ahora, nada.

A pesar de la decepción causada por la ineficacia del gobierno en ejecutar las obras prometidas, este ha incrementado la deuda pública en forma alarmante: un millón de millones de pesos en los dos años transcurridos; y 1,500 millones diarios, desde el 16 de agosto del 2020 a la actualidad.

Gran desilusión

De conformidad con diversas encuestas realizadas, los principales problemas del país son: inflación y alto costo de la vida; inseguridad ciudadana; desempleo; y los elevados precios de la energía eléctrica.

En adición, hay otros como la corrupción; la mala atención médica, la mala administración del gobierno; la pobreza; el acceso a la educación de calidad; el descontrol de la inmigración haitiana; y la falta de agua potable.

Cuando se pregunta sobre las condiciones de la economía, 77% señala que es mala o regular; y solo el 10% la considera buena o muy buena. Si se refiere a la condición económica personal, el 56% afirma que es mala y solo el 23%, que es buena.

¿Hacia dónde va la situación del país?

Para el 68% de los encuestados, va en dirección equivocada. Para el 27%, en vía correcta.

La percepción sobre el futuro del país es negativa en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo; en las provincias del Sur; en las del Cibao; y menos negativa, en las provincias del Este.

En términos demográficos, los ciudadanos entre 18 y 34 años la ven sombríamente. Igual los que se encuentran entre 36 y 55. La perciben en mejores perspectivas aquellos en un rango de edad superior a los 55 años.

Las mujeres son las más pesimistas, colocándose por encima del 60%. No vislumbran un futuro venturoso para el país.

Honoré de Balzac, el infatigable novelista francés del siglo XIX, autor de una serie de obras bajo el título de La Comedia Humana, publicó dentro de esa colección una que se ha hecho inmortal: Las Ilusiones Perdidas, que narra el esfuerzo de un joven, Lucien de Rubempré, que busca la gloria a través de la literatura y la poesía.

Las circunstancias en que vivió no se lo permitieron. Cayó abatido en medio de la frustración y el desengaño.

El no haber comprendido las limitaciones impuestas por una crisis global y nacional; y exagerar sus modestos logros hasta el rango de referencia mundial, ha hecho que al cabo de dos años de gobierno del PRM, el pueblo dominicano, al igual que de Rubempré, se encuentre también decepcionado por las ilusiones perdidas.
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