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De la Guerra Fría, a ¡La Paz Fría!

En un trabajo anterior sostuve que en términos de la realidad, la Guerra Fría nunca terminó, sino que entró en un panorama de “baja intensidad”, muy a pesar que tras la caída en 1991 del “Gigante Rojo”, con la inyección de la Glasnot y la Perestroika, el desplome fue tan descomunal, que sus científicos más notables rodaban por las calles en busca de alguna migaja de pan para alimentarse, lo que obligó a Estados Unidos y los países que integran Europa a emprender un rápido operativo para reclutar esas mentes brillantes, antes que lo hagan los países exportadores del terrorismo o las redes criminales que se tejes por distintas partes del planeta.

La situación era tan dramática que para la entrega de las armas nucleares que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS- había enclavado en Ucrania, se firmó “el Memorando de Budapest”, sin embargo, no existe un documento en el que se haya hecho constar que la Organización del Tratado Atlántico Norte –OTAN- no podía expandir sus tentáculos hacia el Asia Central y la zona del Báltico, porque el acuerdo que se hizo en este sentido fue verbal, y Rusia, con Boris Yelsin a la cabeza, no tenía las fuerzas para imponer un reclamo al respeto.

Ahora bien, ¿el objetivo fundamental de las hostilidades del presidente Vladimir Putín contra Ucrania es precisamente evitar que la OTAN se extienda hasta su zona de influencia?, pues claro que no, si fuera así ya la invasión se hubiera detenido, porque el presidente Volodímir Zelenski ha retirado el interés de su país en este sentido, incluso se ha comprometido a eliminar este elemento de la Constitución.

Frente a este escenario, ¿cuál fue el factor que sedujo al presidente Putín a emprender lo que ha definido como: “Operación Militar Especial”

La expansión de la OTAN no es lo único que está en juego en este conflicto, lo que realmente impulsa la guerra es “el nuevo orden mundial” (EE. UU y Europa por mantener el statu quo y China y Rusia por generar un cambio; derribar la hegemonía del dólar; consolidar los mercados energético de Rusia; y finalmente, y no menos importante, sustituir la democracia liberal como la conocemos, e imponer el modelo de ribetes autoritario como el imperante en China y Rusia, que han exportado a los países bajo su control.

El otrora consejero para Asuntos de Seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski (de origen polaco) durante una entrevista que ofreció al diario El País de España el 5 de marzo del 2014, al ser cuestionado sobre una probable incursión de Rusia en Crimea observó: “En este momento, la estrategia de Occidente debería ser complicarle los planes a Putin. Habría que ofrecerle opciones para evitar el conflicto, pero también habría que hacerle tomar conciencia de las consecuencias muy negativas para Rusia que podrían derivarse de un conflicto armado. Por opciones me refiero a que deberíamos advertir a Rusia que preferimos un acuerdo pacífico en Ucrania, y que la OTAN invite a los rusos a participar en las discusiones, que sostienen sobre esta crisis. Pero, al mismo tiempo, tendríamos que hacer saber a los rusos que no permaneceremos pasivos”.

Es decir, que al tomar la decisión de incursionar en Ucrania, el presidente Putín sabía de las consecuencias que podían derivarse de ese conflicto.

No obstante, Brzezinski luego añadió: “La mejor solución para Ucrania sería convertirse en algo como Finlandia con respecto a Rusia, mantener una relación en la que haya tanto relaciones económicas abiertas con Rusia como conexiones en expansión con la Unión Europea, pero sin participar en ninguna alianza militar”.

No es ocioso recordar que en un artículo que publicó Henry Kissinger en el Washington Post, se expresó en esa misma dirección: “hay que hacer un alto al fuego, partiendo que Europa debe ser la más interesada en este aspecto: Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo”.

Ante el descalabro que significó Donald Trump para la política exterior de Washington, el Establishment se decidió por sacarlo del Despacho Oval, y nada mejor que por uno de ellos mismo, el ex vicepresidente Joe Biden, quien a pesar de sus 78 años de edad, no es un presidente cualquiera, le acredita una experiencia de más de 50 años en la alta política, sabe lo que desean sus iguales, y va en busca de eso.

Desde su ascenso al poder, el Viejo Zorro del Capitolio señaló a su rival: “Putin es un asesino, que carece de alma”. Tras revelar que había sostenido una conversación telefónica con este añadió: “le dije ‘te conozco y me conoces. Si establezco que trataste de socavar mi candidatura en las elecciones de 2020, prepárate…”, luego acotó: «pagará las consecuencias, pronto lo verás”.
Biden, contrario a su antecesor, ignora a China y, más, pone poco interés a las constantes provocaciones del dictador de Corea del Norte, Kim Jong Hyun; y enfoca a Putín como su objetivo en política exterior.

Ante el fracaso estrepitoso que supuso la salida de EE.UU. de Afganistán, el presidente Biden necesita levantar la autoridad de su gobierno ante su pueblo, los aliados, y el resto del mundo.
Bajo la consigna de: “Estados Unidos está de regreso” Biden revierte la estrategia de Trump de confrontar a los aliados de Europa, y como forma de dejar atrás la expresión del presidente de Francia Enmanuel Macron, de que: “la OTAN tiene muerte cerebral”; seis meses después de asumir al poder viaja a Reino Unido para asistir a la reunión del G7; y luego sigue rumbo a Bruselas para sostener un encuentro del organismo militar.

En un trabajo anterior había advertido que con esa invasión Putín se dejó provocar, porque un país con una economía del tamaño de la de México, sin importar que tuviera una estructura militar importante, no estaba en condiciones de librar una guerra contra EE.UU. y las principales economías de Europa, porque esa situación le llevaría a un debilitamiento tal que perdería la guerra y le dejaría campo abierto a la OTAN para su expansión a la zona del Báltico.

A pesar de los insultos y descalificaciones que recibí por mi observación periodística, hoy la realidad es la proyección que habíamos descrito antes de iniciar la guerra: no habrá una solución militar al conflicto, sino diplomática; Rusia solo ha podido incursionar en la ciudad de Mariúpol; con sus fuerzas debilitadas y frente a las garras de la OTAN, Putín no tendrá mucha capacidad de maniobra; con el ingreso de Finlandia y Suecia, ahora Rusia tendrá 1,600 km de frontera con la OTAN; Europa busca nuevas opciones de suministro energético; se reduce importancia de Rusia en el comercio global, (era como suplidor energético); la economía de Rusia queda lacerada; activos importante de ese país serán confiscados por EE.UU. y Europa para pagar la reconstrucción de Ucrania; empresas de esos mismos países tendrán a su cargo esos trabajos; la industria militar de Rusia queda desacreditada y China emerge como el segundo mayor exportador de armas; las naciones importantes del mundo reducen el gasto social e incrementan el militar; se crea una paranoia colectiva en Europa, principalmente entre los vecinos de Rusia, de que en el futuro los vuelva a dominar y convertirlos en provincia, como ya sucedió en el pasado; países aliados a Rusia a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, -OTSC- le dejan solo; países del Medio Oriente (como Qatar) fortalecen su influencia en el comercio global, porque en los próximos años abastecerán de energía a Europa.

Ahora bien, Putín logró parte de su objetivo político, que es dominar la zona del Este, en Donbás. (que son ruso parlantes con varios años en guerra contra Ucrania buscando su independencia); Ucrania ya no estará en la nómina de la OTAN; Rusia tendrá el control de los campos mineros del Donbás (principalmente de Carbón); también fortalece su control sobre Grimea y esa zona del Mar Negro).

El escenario antes descrito deja claro que en todos los conflictos, aunque la retórica de los actuantes sea política, el real objetivo siempre es económico, más cuando en el medio está el nuevo orden del capitalismo.

@alexandrperez
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