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Lo de Rusia y Ucrania revive intereses de la Guerra Fría


Por J. Alexander Pérez

En un trabajo anterior señalé que en mi percepción la humanidad ha tenido dos grandes amenazas de consideración, la primera en el 1963 cuando la crisis de los misiles en Cuba, y la situación del cambio climático en que estamos inmersos en estos momentos; no creo que el conflicto de Ucrania llegue a tal dimensión.

Para involucrarse en una guerra a gran escala, como sería cualquier conflicto entre las grandes potencias militares, lo primero que se debe calcular es el costo económico. Claro!, en el 2020, en medio de la pandemia, el gasto global de defensa aumentó en 2.6 por ciento, porque Estados Unidos, China, la India, Rusia, Reino Unido, (países que concentran el 60% del gasto militar global), lo incrementaron en US$1.98 billones.

EE.UU. destina para armamento militar US$778.000 millones, que representa el 39% del gasto global; China dirige unos US$252.000 millones; la India, con US$72.900 millones; Rusia en cuarto lugar con US$61.700 millones y finalmente Reino Unido, con US$59.200 millones.
Si observamos esos datos, el gasto en armamento de Estados Unidos es superior en más de 12 veces al de Rusia, pero ambos tienen armas nucleares, y eso obliga a un ambiente diplomático y de respeto mutuo.
El conflicto diplomático entre Rusia y Ucrania (Estados Unidos), tiene dos vertientes: primero frenar los ímpetus hegemónicos que Putin entiende que su país debe mantener en la Eurasia; y segundo, levantar la moral en política exterior del presidente Joe Biden, que quedó maltrecha con la situación de Afganistán.

El origen de esta discrepancia inicia hace más de 30 años con la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS-, que representaba una sexta parte de la superficie terrestre del planeta, y varios de los estados que la integraron se declararon repúblicas independientes, entre las cuales se encuentra la propia Ucrania.

Ya Rusia, y la ex república soviética de Georgia hace 14 años tuvieron un conflicto parecido por la región de Osetia del Sur; luego la volatilidad política se complica aún más, cuando en el mes de marzo del 2014 miles de ucranianos pro europeos protestaron en contra del gobierno pro ruso de Yanukóvich hasta que lo hicieron caer, momento que aprovecha el presidente Putín para ocupar a Crimea, que representa para su país la salida al Mar Negro.

Ese movimiento estratégico de Rusia por un lado le fue muy favorable a sus intereses, pero a la misma vez puso en alerta a las fuerzas de la OTAN, porque en franca violación al Memorando de Budapest, Rusia cercenó un pedazo a Ucrania y se lo engulló, con lo que creó un temor colectivo en los países que integraron la URSS de que les pueda pasar lo mismo.

De hecho, nueve de los estados que integraron el Pacto de Varsovia, ya están en la matrícula de la referida alianza político militar que encabeza Estados Unidos para proteger sus intereses en Europa.

Por su lado, Rusia se ha quejado del peligro que representa para su seguridad, el que la OTAN extienda sus tentáculos al Este. En virtud, que EE.UU. prepara la mayor movilización militar desde la Segunda Guerra Mundial, con el cierre de varias de sus bases en Europa Occidental, para mudarlas hacia Polonia, Bulgaria y Rumanía, países que integraron el Pacto de Varsovia.

La OTAN asegura que esos movimientos no significan una amenaza para Moscú, porque se hacen para enfrentar la amenaza del terrorismo global, pero el Kremlin ha expresado su queja con la situación que se podría extender a Estonia, Letonia y Lituania, de hecho ya la Alianza mantiene cuatro cazabombarderos en Lituania para vigilar el espacio aéreo de esos nuevos aliados.

Aún hay más, Estonia y la OTAN efectúan maniobras militares a 20 kilómetros de la frontera con Rusia, como forma de reforzar la cooperación, coordinación y ayudar a los ejércitos de los países bálticos.
De ahí que el jefe de la Armada alemana, Kay-Achim Schönbach dijera: “es un sinsentido pensar que Rusia pretenda invadir Ucrania, la postura de Putin merece respeto, hay que admitir que la península de Crimea nunca volverá a Ucrania”, declaraciones estas que le costaron el cargo, y Alemania tuvo que disculparse.

La OTAN nunca había aceptado a más de un miembro a la vez, pero con la caída de la URSS, de un golpe le abrió las puertas a Eslovenia, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Estonia, Letonia y Lituania.

Moscú, aunque mantiene una alianza táctica con China, no tiene la fuerza para impedir la presencia del Coloso del Norte en su frontera, más cuando enseñó el refajo al ocupar Crimea, y evidenciar su real intención de retomar las viejas influencias de la URSS en Eurasia.

El canciller de Alemania ha declarado que existe una amenaza “muy grave” a la paz en Europa; y EE.UU advierte que una invasión en Ucrania pudiera constituir el primer paso para una incursión militar de China en Taiwan.
EE.UU. y Europa hoy constituyen otra vez un frente común unido, que se había perdido durante la administración de Donald Trump, y que Biden ha reconstruido con el aval de sus socios en todo el mundo.
No es todo, la industria energética también entra en este conflicto, porque el gas ruso que llega a Europa es a través de Ucrania, por lo cual, este país recibe US$2000 millones, pero Rusia trabaja en la construcción del gasoducto Nord Strea M II, que llevaría no cruzaría tomaría esa ruta y por vía de consecuencia quitaría esos recursos a Ucrania.

Todo esta situación indica que, aunque la URSS colapsó, y la Guerra Fría con ella, los intereses de ambos bandos aún son los mismos, por vía de consecuencia, ese conflicto estuvo en baja intensidad, pero nunca terminó.

@alexandrperez

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